¿
Alguna vez has tenido un pensamiento repentino que te asusta o te hace dudar de quién eres?. Quizás te has sorprendido pensando cosas como “¿qué pasaría si me aviento de este balcón?” o has sentido el temor irracional de hacerle daño a alguien que amas.
Si has pasado por esto, respira profundo: no estás solo, no te estás volviendo loco y, sobre todo, experimentar pensamientos raros o que van en contra de tus valores es algo completamente normal y humano.
La trampa del control
Cuando estos pensamientos incómodos aparecen, nuestra primera reacción suele ser intentar controlarlos a toda costa o evitar las situaciones que los disparan, como alejarte de un ser querido por miedo a perder el control.
Sin embargo, aquí hay un secreto muy importante: el problema no son tus pensamientos ni tus emociones, sino tus intentos de controlarlos. Luchar contra ellos, intentar detenerlos, desvanecerlos o mitigarlos es exactamente lo que los alimenta y los hace más fuertes. Al intentar no pensar en algo, terminas pensando más en ello, y el costo emocional de esa lucha es altísimo.
Los 3 pasos para afrontarlos (y una pequeña confesión)
En uno de mis videos recientes, hablo sobre “cómo eliminar” los pensamientos intrusivos en tres pasos, pero debo hacerte una pequeña confesión: la palabra “eliminar” es un clickbait. Utilicé esa palabra porque sé que es lo primero que buscamos cuando sentimos angustia, pero buscar “eliminar” los pensamientos es caer de nuevo en la trampa del control.
En lugar de luchar, te propongo un camino mucho más compasivo y efectivo:
- Date cuenta: Observa con honestidad si estás intentando evitar situaciones o si estás luchando por controlar lo que piensas.
- Deja de luchar: Comprende que intentar controlar tu mente solo alimenta esta dinámica agotadora.
- Afronta desde otra perspectiva: Desarrolla la habilidad de observar tus pensamientos y aprende a convivir con la incomodidad en el momento presente.
Aprende a bajarte del caballo
A esta nueva perspectiva la llamamos “aceptación”, lo cual no significa resignarte a vivir con miedo, sino aprender a poner distancia entre tú y tu mente.
Imagina que tus pensamientos son un caballo. Ver a un caballo correr a la distancia puede ser algo majestuoso y tranquilo. Pero si estás montado arriba de ese caballo desbocado, sentirás pánico, creerás que estás en peligro y querrás que todo se detenga. Al final del día, el caballo solo está haciendo cosas de caballo, y tu mente solo está produciendo pensamientos.
Tu trabajo no es detener al caballo, sino aprender a “bajarte” y observarlo desde lejos. Y si de pronto notas que te has vuelto a subir y sientes pánico otra vez, no te castigues; simplemente te vuelves a bajar y tomas distancia.
No estás solo en esto
Recuerda siempre esto: tú no eres tus pensamientos y no hay nada malo en ti.
Si sientes que estos pensamientos están afectando tu calidad de vida, el mayor acto de amor propio es buscar ayuda profesional. Te recomiendo acudir con un terapeuta de corte conductual (como la Terapia Cognitivo Conductual o la Terapia de Aceptación y Compromiso), ya que son las más efectivas para estos casos. Es preferible evitar el psicoanálisis para este tema en particular, ya que la evidencia muestra que muchas veces no ayuda o incluso puede empeorar la situación de los pacientes con obsesiones.
Tu mente es un lugar seguro, solo necesitas aprender a observarla desde una nueva perspectiva. ¡Tú puedes lograrlo!
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Osvaldo Muñoz
Psicólogo clínico
Gracias por leer este pequeño Blog ¡Espero te sea de ayuda!


